Hijos / Hijas de Perú

25 Años nos enseñan a celebrar la vida


17 de Abril de 2018 - Goya Wilson Foto - 25 Años nos enseñan a celebrar la vida

 

Son 25 años

57 años tendría tu viejo hoy, Rafo, pero vos ya le pasaste la edad… 

Hagamos algo, me dijiste. Son 25 años, me recordaste, y yo me sentí abrumada. Fue porque la primera vez que me contaste de tu viejo, habían pasado 14 años y nos parecía demasiado tiempo para tanta impunidad, para tanto silenciamiento.

Y mucho ha cambiado desde esa primera vez en que te preguntaba porqué cuando contabas la historia de tu viejo, decías que murió y no que lo mataron. Tu respuesta fue la de ese niño de 9 años al que le mataron a su papa, Y es que suena feo, no? Suena muy feo.

A Rafael Salgado Castilla lo torturaron hasta matarlo en la estación de la DIVISE, fue la policía, ahí en el centro de Lima, en pleno centro, probablemente en ese edificio frente al cual muchos hemos pasado más de una vez. Ese edificio que esconde historias de horror, como las de Rafillo. Ese edificio donde la tortura sigue siendo utilizada contra aquellos que se consideran menos que humanos, aquellos que son despojados no solo de cualquier derecho sino de humanidad, de historia, de gente alrededor que los quiso.

Esta historia no es de las que pasó desapercibida, como miles de otras que siguen sin notarse. No, lo que le pasó a Rafillo, salió en los periódicos. Y tu mama se encargó de todas las vueltas para la denuncia, y nunca paró con eso. Casi pasa al olvido, pero se registró y se volvió un “caso”. Y años más tarde, hasta fue parte de los casos emblemáticos documentados por la CVR, porque se podía comprobar la entrada de Rafillo a la policía y su salida muerto, y su autopsia con las marcas de tortura. Era innegable lo ocurrido. Y aún así la justicia no llega, ni siquiera esa justicia de los juicios, esa que ni vos ni yo estamos seguros de que nos sirva ni de que se sienta justa… 

Lleva años el juicio, que se empieza y se desarticula, y se vuelve a empezar, y es como un teatro donde el final siempre es el mismo, que no se puede demostrar quiénes fueron. Y quizás es cierto que no se puede dentro de ese sistema legal, pero se sabe. Se sabe que fue una institución y no sólo personas, una institución con una cultura represiva que se mantiene, con un entrenamiento para la tortura que se sigue usando contra ciertos cuerpos, con una cantidad de historias de horror, y de impunidad que se mantienen y se siguen reproduciendo. Pero eso no se considera en los juicios, los juicios buscan pruebas contra personas, y cómo pues, si fue la misma policía. Y ahí sigue ese juicio y ya ni siquiera sé en qué va, qué sigue, para dónde, cuál el siguiente paso. Cada cierto tiempo te pregunto cómo va el caso, en qué etapa está, y vos me contás lo que sabés, a veces con detalles incluso, y conversamos del asunto… pero ahí nomás se me olvida, porque es otro año más en que vuelvo a oír ese sinsentido, un sinsentido legal incomprensible, de más de lo mismo.

Y nadie quiere hablar de eso, sólo los mismos de siempre, y a veces ni siquiera nosotrxs, sino fuera porque cada Abril, nos asalta el recuerdo y nos vuelve la terquedad. Y poco a poco se suman otras voces, quizás por esa memoria terca y hasta necia, esa con que sacas y convocas siempre algo, esa con que tu viejo y mucha otra gente se nos aparecen, aunque sea sólo para incomodar. Y son voces que se acercan pero se pronuncian desde larguito, y siempre aclarando y señalando y hasta sentenciando, porque no se puede hablar de tu viejo, de nuestrxs viejxs, de esa historia… no se puede sin aclarar, sin deslindar, sin señalar, sin sentenciar y declararlos culpables… no vaya ser. Y nosotrxs igual, sentimos que algo se hace, que algo se avanza, que algo se empieza de ese diálogo al que apostamos, a pesar de todo… pero siempre queda esa sensación de no saber qué decir, por dónde empezar, ni cómo explicar, ni qué se puede decir y qué no… si todo está tan atravesado por los afectos, por la mezcla de emociones de ser chica y haber crecido en medio de todo eso, y una busca el argumento racional en medio de todo aquello que no se puede decir, y por aquello que ya ni uno sabe qué piensa porque los lenguajes y las conversas están tan cargados de esa misma lógica de sentenciar o defender… y no es nada de eso lo que viene a la mente, ni mucho menos al corazón. 

Yo estaba con todo eso, con la cabeza muy cargada, con el insomnio típico de abril, con el corazón compungido… Y vos me salís con mirar para adelante, con dejar la memoria melancólica, y darle vuelta hacia la alegría y la celebración y la foto riendo… y veo de nuevo la sonrisa de tu viejo, el post de un amigo que le conoció amante del baile y la fiesta, y la foto con tu hija… y dejo todo eso de lado para apostarle a eso, a compartir la risa y a la celebración de la vida, de muchas vidas que le siguen apostando tercamente a cambiar las cosas.

 

 

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