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Las ambigüedades del IF de la CVR en la explicación


30 de Septiembre de 2013 - Invitado Foto - Las ambigüedades del IF de la CVR en la explicación

Martín Tanaka*

El Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (IF-CVR) es un documento fundamentalmente político, cuyos nueve tomos “se vertebran en función de explicar qué ocurrió y por obra de quiénes, cuáles fueron las causas y cuáles las consecuencias” del conflicto armado interno, al mismo tiempo que se presentan “las pautas de lo que la CVR considera que es la reconciliación y el plan de reparaciones y de reformas que debe llevarse a cabo para que ésta pueda darse efectivamente” (tomo I, p. 15). La creación de la CVR está muy fuertemente marcada por la caída del fujimorismo y la aspiración de tener un proceso de institucionalización democrática, y la redacción y presentación del IF por el redescubrimiento de la magnitud de la tragedia ocurrida, por lo cual el énfasis estuvo puesto, correctamente, en hacer un llamado de atención moral y ético a la opinión pública y las élites políticas por su desatención o incapacidad para evitar los sucesos investigados, y resaltar las necesidades de verdad, justicia y reparación para las víctimas. Ciertamente, no se trata de un documento académico, pero creo que si hacemos el ejercicio de leerlo como tal, sacaremos lecciones útiles, pues se desnudan algunas ambigüedades, tensiones y contradicciones que ayudan a entender los problemas de difusión, aceptación e implementación de sus recomendaciones y marcan una agenda de investigación pendiente.
 
Si leemos el IF-CVR como documento académico, con un énfasis teórico y metodológico, podría decirse que su variable dependiente principal, aquello que pretende explicar, serían las causas y dinámica del conflicto armado interno.1 El problema está en que la variable independiente, o las variables independientes y la manera en que se relacionan, no quedan del todo claras a lo largo del informe. La misma manera en la que el IF está organizado colabora con esta ambigüedad. En general, a lo largo del informe se sigue un orden temático o cronológico, y al final las conclusiones generales lo reproducen. En la única parte del IF en la que se esboza un argumento general es en la segunda, “Los factores que hicieron posible la violencia”, que cubre de la página 21 a la 130 del tomo VIII.2  En la versión abreviada del IF de la CVR, Hatun Willakuy, esta sección aparece en la segunda parte, “Sobre el conflicto y los caminos de la paz”, capítulo 6 (“Los factores que hicieron posible el conflicto”), y comprende de la página 333 a la 351.

El voluntarismo senderista y la democratización de la sociedad peruana
 
Si vamos a esa segunda parte, un intento de argumento general está en el capítulo 1, “Explicando el conflicto armado interno”. Este capítulo tiene siete secciones, la primera es “La decisión del PC-SL de iniciar el conflicto armado interno”. En esta parte, la CVR “concluyó que la causa inmediata y decisiva que desencadenó el conflicto armado interno en el Perú fue la libre decisión del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso (PCP-SL) de iniciar una «guerra popular» contra el Estado”. Además, esta decisión fue “a contracorriente del sentimiento mayoritario de millones de peruanos y peruanas que, hacia fines de la década de 1970, canalizaban sus anhelos de transformación profunda de nuestra sociedad por otras vías como las organizaciones sociales (federaciones campesinas y sindicales, organizaciones barriales, de mujeres, de pequeños y medianos empresarios), las movilizaciones pacíficas y la constante participación electoral desde la reinstauración de la democracia en 1980” (tomo VIII, p. 23).
 
Sobre esta base, uno podría decir que la explicación que la CVR da sobre el origen del conflicto privilegia el voluntarismo político de una vanguardia ideologizada y dogmática que va en contra de lo que está sucediendo en el plano social; es decir, se enfatiza la “agencia” y no la “estructura”, por así decirlo. En este ideologismo confluirían varias tradiciones de nuestra cultura política: una radical, una caudillista y una de izquierda. “En el PCP-SL el maoísmo se entrelazó con una tradición radical peruana, de confrontación e insurrección, y, por lo tanto, sectaria”; pero, además “cobró importancia otro aspecto de nuestra tradición autoritaria, más antiguo y más plenamente compartido: el caudillismo” (tomo VIII, p. 24). Está también una versión exacerbada de una cultura política izquierdista: “[…] el PCP-SL resulta una versión exacerbada de otros grupos vanguardistas de izquierda, con una identidad muy fuerte, que creía, como aquí y en otras partes del mundo, en la guerra popular como vía para conquistar el socialismo y el comunismo. Sin embargo, los extremos a los que lo lleva el caudillismo y el fanatismo lo diferencian de cualquier otro partido de izquierda” (tomo VIII, p. 26).
 
En esta línea argumental, el voluntarismo senderista habría ido a contracorriente respecto a lo que sucedía en la sociedad peruana. La segunda sección del capítulo 1, “El contexto histórico”, desarrolla un poco más el argumento: la Constitución de 1979 “[…] parecía poner, simbólica y legalmente, fin a las grandes exclusiones políticas que habían obstaculizado la construcción de un Estado nacional moderno. En efecto, la Constitución no excluía a ningún partido político y consagraba, finalmente, la vigencia plena del sufragio universal; ya que otorgaba el derecho a votar tanto a varones como a mujeres mayores de 18 años y a los analfabetos. En ese entonces, se contaba dentro de esta última categoría a peruanos y peruanas monolingües quechuas, aymaras y de lenguas amazónicas. Así pues, luego de las profundas transformaciones demográficas, económicas y socioculturales de las décadas previas, y del sismo político que significó el reformismo militar del general Velasco (1968-1975), el país parecía encaminado a consolidar un Estado nacional, moderno y democrático de manera pacífica. No es de extrañar que el inicio del conflicto armado interno tomara por sorpresa al país. No es de extrañar, tampoco, que su extensión y brutalidad nos sigan sorprendiendo [ambos énfasis míos]” (tomo VIII, p. 28). En la sección 5, “Los factores coyunturales”, se señala que “Era muy importante para el PCP-SL comenzar su «lucha armada» antes de las elecciones y de la instauración del nuevo régimen, precisamente para deslegitimarlo y negar las transformaciones de las cuales era expresión” (tomo VIII, p. 33).
 
Más adelante, en la sección 7, “¿Por qué el conflicto armado interno fue tan cruel?”, se sigue con el énfasis en el voluntarismo y dogmatismo senderista: “Lo que está ausente entonces, en las décadas previas al estallido de la violencia en 1980, es la voluntad de matar y, menos aún, de matar masiva y/o sistemáticamente ni de parte del Estado, ni de los campesinos, ni de los principales partidos políticos. La dirección del PCP-SL tuvo que concentrar sus energías en inocular [énfasis mío] esa voluntad, en primer lugar, en sus militantes y, luego, en provocar al Estado y a la sociedad para que la muerte se volviera, por así decirlo, un modo de vida” (tomo VIII, p. 38). Finalmente, en la sección 8, “¿Por qué los grupos subversivos fueron derrotados?”, se insiste en el argumento de que la sociedad seguía un proceso de democratización y que el campesinado seguía una lógica contraria al senderismo: “En primer lugar, la subversión se inició en un contexto democrático que, al margen de cualquier limitación, redujo espacios para propuestas violentas […].
De todos los rechazos, el que más contribuyó a la derrota de los grupos subversivos fue el rechazo del campesinado, especialmente del campesinado pobre” (tomo VIII, p. 40). “Pero, sobre todo, con el campesinado involucrado crecientemente en una economía mercantil y en un proceso de individuación, las propuestas del PCP-SL chocaron contra la dinámica de las sociedades rurales. Sorprendentemente para el PCP-SL, el concepto de «guerra prolongada» chocó contra la lógica de reproducción campesina, que se ordena alrededor del ciclo de vida familiar y se planifica en función del crecimiento y educación de los hijos […]. Asimismo, la creación de un «nuevo estado» senderista mostró toda su precariedad y chocó, cada vez más amplia y frontalmente, con un campesinado que, incluso en las zonas más alejadas, se sentía parte del Estado [énfasis mío] o necesitaba de éste” (tomo VIII, p. 41).
 
En cuanto a la dinámica del conflicto, podría decirse que una extensión del argumento voluntarista recogería también la importancia de las decisiones, en la agencia de los principales actores. Así, la respuesta inadecuada del Estado explica la duración del conflicto, mientras que la capacidad de aprendizaje de las Fuerzas Armadas y el dogmatismo del senderismo son claves para entender su derrota: “Todos los factores hasta ahora presentados tampoco hubieran bastado para explicar la duración e intensidad de la subversión, si las elites políticas hubieran estado a la altura del desafío. El PCP-SL aprovechó los gravísimos errores cometidos por el Estado y por los partidos políticos, más allá del justificable desconcierto inicial” (tomo VIII, p. 35). Más adelante, se señala que “A partir de sus propias experiencias en los primeros años de la guerra y a partir de las peculiaridades históricas de las Fuerzas Armadas, éstas aprenden y calibran mejor al enemigo conforme se desarrolla el conflicto. Desde los primeros años, hubo oficiales que comprendieron la situación y buscaron ganarse la confianza de la población” (tomo VIII, p. 41). Por el contrario, “Si queremos elegir el factor más importante para explicar la derrota del PCP-SL, éste es su incapacidad para aprender” (tomo VIII, p. 42).
 
En resumen, el senderismo siguió una ideología nutrida de ideas radicales, confrontacionales, caudillistas, de ciertas tradiciones de izquierda, que se impuso a la fuerza basado en un voluntarismo y una violencia exacerbadas, que fueron en contra de las tendencias democratizadoras de la sociedad peruana, que merecieron el rechazo de una población campesina que tenía aspiraciones de progreso y que se sentía parte del Estado (o que planteaba demandas a éste, no una ruptura). De otro lado, la dinámica del conflicto se explica por las decisiones, errores, aciertos y “capacidad para aprender” de los actores.

La persistencia de brechas de discriminación
 
Sin embargo, el propio IF de la CVR se apresura en señalar que no propone una explicación “voluntarista”: “La voluntad política es decisiva para explicar el inicio de cualquier subversión armada, pero no basta para explicar su duración y, en nuestro caso, para explicar cómo ese «puñado de comunistas» avanzó hasta crear la sensación de que ponía en jaque al Estado y al país. Para comprender esa década de violencia es necesario advertir cómo esa voluntad política aprovechó determinadas coyunturas, se alimentó de antiguas debilidades institucionales, aprovechó determinadas fallas estructurales y graves frustraciones, recogió ciertas reivindicaciones, expresó cierto imaginario y logró enraizarse en distintos sectores sociales y escenarios geográficos. Es necesario preguntarse, entonces, por las causas históricas que le permitieron encontrar un espacio de difusión (tomo VIII, p. 26)”. Acá se sugiere que el senderismo sería algo así como “la chispa que incendia la pradera”, una iniciativa que aprovechó condiciones favorables; un razonamiento que me parece abiertamente contradictorio con la idea de que el senderismo fue a contracorriente de lo que ocurría en la sociedad peruana. Decir que hubo “causas históricas que le permitieron encontrar un espacio de difusión” es contradictorio con decir que “No es de extrañar que el inicio del conflicto armado interno tomara por sorpresa al país”.
 
Así, en la sección 3, “Factores históricos de largo plazo”, el énfasis cambia hacia un tono fuertemente estructuralista: el país estaría signado por “múltiples brechas”, “la más visible y dramática es la que separa a ricos y pobres. Tanto o más que la pobreza misma, importa la inequidad, las abismales diferencias entre los que más tienen y los que sobreviven. Recordemos que el Perú tiene una de las peores distribuciones del ingreso en América Latina y en el mundo. Igualmente, se trata de una distribución desigual del poder político y simbólico, incluyendo aquí el uso de la palabra, es decir, quién tiene derecho a hablar, quién es escuchado y quién no lo es. Este punto es importante, pues el PCP-SL ofreció a sus seguidores un discurso que producía la ilusión de abarcar toda la realidad, así como la posibilidad de hacerse escuchar y de silenciar” (tomo VIII, p. 28). Otras brechas serían: “Entre Lima y provincias. A la desigual distribución del ingreso se suma el centralismo, que aumentó en las décadas previas al conflicto [énfasis mío], con lo que se ahondó la distancia entre la capital y el resto del país precisamente cuando éste parecía más interconectado. A causa del centralismo, la cobertura territorial del Estado resultaba insuficiente. Hasta la década de 1970, en partes significativas del Perú rural la presencia del Estado era casi inexistente o su autoridad estaba delegada en poderes locales que no eran responsables ante la población. Recién en 1963 se realizaron las primeras elecciones municipales de nuestra historia contemporánea que fueron interrumpidas por el golpe militar de 1968” (tomo VIII, p. 28-29).
 
Luego está la brecha “entre costa, sierra y selva. El peso económico, demográfico y simbólico de Lima y la costa en desmedro de los Andes, se acentuó conforme avanzaba el siglo XX [énfasis mío] hasta desembocar en la crisis de la sociedad andina tradicional. Paralelamente, la Amazonía fue convirtiéndose en una zona de frontera, donde los proyectos modernizadores del Estado naufragaron apenas formulados”; finalmente, se menciona que “A lo largo del siglo XX, también se resquebrajaron las viejas divisiones estamentales con lo que sus fronteras se volvieron porosas y borrosas. Sin embargo, las asimetrías entre criollos, mestizos, cholos e indios no desaparecieron. Éstas, más bien, se reformularon y se perpetuaron las discriminaciones étnico-culturales y raciales” [ambos énfasis míos]. Finalmente, “El entrelazamiento de estas inequidades y discriminaciones produjo una creciente percepción de agravio y desconfianza, precisamente, en el polo «pobres-provincianos-serranos-rurales-cholos/indios», donde la CVR ha constatado el mayor número de víctimas” (tomo VIII, p. 29).
 
Como puede verse, aquí Sendero aparece como expresión o consecuencia de conflictos, brechas, problemas, de larga duración que no solo se habrían mantenido a lo largo de la historia, sino que hasta se habrían agravado. En la sección 6, “¿Por qué el conflicto duró tanto?”, el IF de la CVR enfatiza el hecho de que el senderismo ganó apoyo entre los campesinos: la duración del conflicto no se podría entender si “el PCP-SL no hubiera logrado captar la aceptación o la neutralidad de sectores sociales significativos, especialmente el de los campesinos” (tomo VIII, p. 34). Más adelante desarrolla esta tesis: “[…] el PCP-SL logró inicialmente «conquistar bases» en los márgenes, no sólo del Perú urbano, sino del propio Perú rural organizado y dinámico, con lo cual se inscribía en esa larga tradición en la que el poder se negocia y conquista a través del uso de la violencia física. Su propuesta logró aceptación en comunidades con profundos conflictos internos, baja legitimidad de sus autoridades y envidia por el acceso diferenciado a recursos escasos. En ella se propugnaba el fin de la marginación, el igualamiento hacia abajo, la destrucción de infraestructura productiva y repartos, especialmente de ganado. Así, el asesinato de algún hacendado sobreviviente o de comuneros «ricos», que con frecuencia ocupaban cargos de poder, y el reparto de sus bienes y ganados, le permitieron ganar la adhesión campesina. Además, el PCP-SL apareció muy temprano como propuesta de un «nuevo Estado», portador de orden y administrador de una justicia vertical y draconiana, que ponía coto a conductas consideradas antisociales, a abigeato y a abusos (tomo VIII, p. 35)”.
 
Ya no se sostiene que los campesinos se sintieran parte del Estado (o que demandaran “más Estado”) y parte de un proceso de democratización, y que esto fuera clave para entender la derrota del senderismo; ahora el énfasis está en que la población no se sentía representada por el Estado. Más adelante, en la sección 6, “¿Por qué el conflicto duró tanto?”, la respuesta ya no está en los errores estratégicos de las Fuerzas Armadas, sino que se señala que “La mera existencia de espacios que no alcanzaban a ser representados políticamente es una prueba de las hondas fallas de nuestra configuración como nación, que incluyen, pero también trascienden, la responsabilidad de gobiernos, partidos políticos y Fuerzas Armadas. En otras palabras, la prolongada duración del conflicto armado interno tuvo que ver, igualmente, con la fragilidad de nuestro sentido de comunidad nacional, que debía estar sustentado sobre la base del ejercicio de nuestros derechos como ciudadanos”. De este modo, “En las décadas de 1980 y 1990 salieron a la luz todos los abismos ya anotados: no sólo la falta de una comunidad nacional ciudadana, sino el desprecio teñido de racismo hacia los campesinos, presente también en las instituciones del Estado, incluyendo a las Fuerzas Armadas. En los primeros años de su intervención, ellas se comportaron con frecuencia como un agente externo a la región. Las torturas y asesinatos, las masacres y las desapariciones, son actos de crueldad que han sido reportados masivamente a la CVR” (sección 7, ¿Por qué el conflicto armado interno fue tan cruel?”, tomo VIII, p. 38).
 
La fragilidad de ese sentido nacional y ciudadano se sintió más allá de las zonas rurales periféricas y abarcó, en mayor o menor medida, al conjunto del país. Se llega así a la tesis de la “indiferencia” de la “opinión pública”: “Después de todo, las víctimas eran, principalmente, «otros»: pobres, rurales, indios. Lejanos no sólo geográfica, sino, sobre todo, emocionalmente […]. El centralismo y el racismo jugaron su papel en la prolongación del conflicto y revelaron las miserias de nuestra democracia” (tomo VIII, p. 36). Nuevamente, la prolongación del conflicto ya no es consecuencia de las decisiones erradas tomadas por los actores, sino de la persistencia de brechas históricas de discriminación.
 
Cabe mencionar aquí que en el IF hay una explicación alternativa a la tesis de la “indiferencia”, pero que no es explorada; de haberse seguido, podría haber llegado a ser una cuarta línea de explicación de las causas y dinámica del conflicto. Desde este ángulo, no es que esos “otros” fueran víctimas de la acción del senderismo y de la represión militar, cuyo clamor fue ignorado por la indiferencia de la opinión pública limeña, hasta el día de hoy, lo que explicaría también los escasos avances en la implementación de las recomendaciones de la CVR. El problema sería que, en medio de la acción del senderismo y de la represión del Estado, se desarrolló una dinámica paralela de conflictos locales, inter e intracomunales. En el IF, por ejemplo, se dice que “Si la etapa anterior [al conflicto armado interno] fue de moderación por parte de todos los actores, la irrupción del PCP-SL abrió una Caja de Pandora que los trastocó a todos. Así, en las zonas rurales más pobres éste se involucró, y en muchos casos acabó potenciando y militarizando, viejos conflictos sociales intra e intercomunales […]. La violencia latente en cualquier comunidad, especialmente pobre y en buena parte preciudadana, se entremezcló con conflictos familiares, generacionales, de linderos, y se desbordó. Los comités de autodefensa, en muchos casos, fueron más allá de su función de auto-defensa y se convirtieron también en pequeños ejércitos agresivos que «barrían» con gran violencia territorios que consideraban enemigos o prosenderistas” (sección 7, ¿Por qué el conflicto armado interno fue tan cruel?”, tomo VIII, p. 39).
 
Así, el carácter local de parte de la dinámica de los conflictos habría reducido en el pasado la denuncia de hechos violentos, y en el presente, explicaría el relativo desinterés de la propia población afectada en avanzar en temas asociados a justicia y reparación, su privilegiamiento de temas de desarrollo, y la tendencia a desarrollar narrativas en las que se presentan como víctimas inermes, ocultando que también tuvieron cierta participación como actores en la dinámica de los sucesos. A lo largo de todo el IF de la CVR hay datos que plantean esta línea de argumentación, pero no es explorada sistemáticamente, obviamente por las implicancias que tendría seguir este argumento: que en una parte nada despreciable del conflicto armado interno los perpetradores habrían sido los propios campesinos.3 Si estas ideas fueran la base para una explicación de las causas y dinámica del conflicto armado interno, probablemente habría que considerar los efectos que tuvo en el campo la reforma agraria y el desmantelamiento del orden rural oligárquico.
 
Pero volviendo a la línea argumental de la persistencia de brechas de discriminación, podría decirse que ella es la más conocida del informe, a pesar de que es solamente una de las tres que podrían identificarse, tal vez porque ha sido la más resaltada por los comisionados en entrevistas e intervenciones públicas. Por ejemplo, en el propio prefacio del IF, Salomón Lerner, presidente de la CVR, señala que “Este informe expone, pues, un doble escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos, y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe humana y no lo hicieron […]. De cada cuatro víctimas, tres fueron campesinos o campesinas cuya lengua materna era el quechua. Se trata, como saben los peruanos, de un sector de la población históricamente ignorado por el Estado y por la sociedad urbana, aquélla que sí disfruta de los beneficios de nuestra comunidad política (tomo I, p. 29). “Mucho se ha escrito sobre la discriminación cultural, social y económica persistentes en la sociedad peruana. Poco han hecho las autoridades del Estado o los ciudadanos corrientes para combatir ese estigma de nuestra comunidad. Este informe muestra al país y al mundo que es imposible convivir con el desprecio, que éste es una enfermedad que acarrea daños muy tangibles. Desde hoy, el nombre de miles de muertos y desaparecidos estará aquí, en estas páginas, para recordárnoslo” (tomo I, p. 30). Como puede verse, el énfasis está claramente puesto en la persistencia de brechas y de prácticas de discriminación en la sociedad peruana, no en un proceso de democratización; no en la continuidad de prácticas confrontacionales, caudillistas o ideológicas de izquierda; no en los errores de la estrategia contrasubversiva, que poco a poco fueron corregidas.

La modernización incompleta y la “incongruencia de estatus”
 
La persistencia de la discriminación llevaría a sostener que hubo un importante apoyo campesino a Sendero; de hecho, para explicar por qué “el conflicto duró tanto” (tomo VIII, capítulo 1, sección 6) se apela al apoyo del campesinado, aunque para explicar “por qué los grupos subversivos fueron derrotados” (tomo VIII, capítulo 1, sección 8) se diga exactamente lo contrario. Pero aquí no acaba el asunto; el IF de la CVR ofrece una tercera línea argumental, distinguible tanto de la explicación voluntarista como de aquella que enfatiza la persistencia de brechas de discriminación; se trata de una explicación basada en la teoría de la deprivación relativa, de la teoría de la modernización.4 El senderismo sería consecuencia de un proceso de cambio y modernización, que por su carácter acelerado, incompleto, trunco, habría generado un desajuste entre expectativas de progreso y posibilidades de realización, entre el resquebrajamiento de formas tradicionales de autoridad y dominación y la persistencia de relaciones de exclusión. Este desajuste generaría frustración y conduciría a una radicalidad política antisistema.
 
Así, en la sección 1, “La decisión del PCP-SL de iniciar el conflicto armado interno”, si bien en principio se defiende un argumento voluntarista, este se pierde y se termina en la teoría de la deprivación relativa: “Muchos de los gestores del PCP-SL provenían de un sector social conformado por sectores minoritarios de intelectuales provincianos mestizos, provenientes de ciudades medianas y pequeñas, y con una percepción de «incongruencia de estatus». Se trata de «notables» dentro de sus sociedades tradicionales que resultaban, sin embargo, ninguneados por las elites capitalinas y se veían, al mismo tiempo, rebasados por los estratos populares emergentes que les perdían el respeto luego de pasar por la escuela, el sindicato, la ciudad y/o el mercado” (tomo VIII, p. 24-25). Además, “el abandono de la educación pública por parte del Estado permitió que el ámbito educativo fuera el lugar de encuentro donde germinó la propuesta del PCP-SL: universidades, institutos superiores, institutos pedagógicos. Núcleos minoritarios de intelectuales provincianos mestizos confluyeron con sectores minoritarios de jóvenes también provincianos, mestizos, con educación superior al promedio y sensibles a propuestas de ruptura radical con el orden establecido” (tomo VIII, p. 25).
 
En la sección 3, “Factores históricos o de largo plazo”, inmediatamente después de señalarse la persistencia de brechas históricas que se habrían agravado en las últimas décadas, se dice que desde mediados del siglo pasado se dieron procesos de modernización, siendo los más significativos “las grandes migraciones; la masificación del proceso de escolarización; la expansión de los medios de comunicación; la expansión del mercado; los procesos de organización, y la densificación y expansión de las redes sociales en el campo y la ciudad” (tomo VIII, p. 29). Como es obvio, acá el énfasis está puesto en el cambio y en la reducción, no en la persistencia de brechas históricas; todo lo mencionado podría haber sido altamente positivo, el problema es que se trató de un proceso incompleto: todo esto “alude a un proceso de modernización desigual, hecho de intentos desperdigados, intermitentes y muchas veces truncos por la ausencia de una visión de conjunto y de largo plazo entre las elites políticas, empresariales e intelectuales que condujeron el país o por el entrampe político y/o las insuficiencias de los proyectos nacionales que, de haber sido exitosos, hubieran logrado un desarrollo económico sostenido que ampliara el mercado interno y propiciara una mayor integración del país en sus diferentes planos: económico, social y simbólico” (tomo VIII, p. 30).
 
Como consecuencia de todo esto, la modernización produjo más bien “Capas sociales sensibles a propuestas de ruptura radical con el orden establecido, conformadas en especial, pero no únicamente, por jóvenes —hombres y mujeres— provincianos, mestizos/cholos y con educación superior al promedio. Algunos sectores minoritarios de estas capas, desperdigadas por todo el país, se sentían en una tierra ajena, ubicada entre dos mundos: el tradicional andino de sus padres, que al menos parcialmente ya no compartían; y el urbano-criollo, que los rechazaba por provincianos, mestizos y «motosos». Entre ellas, hubo una minoría [énfasis mío] de personas que se sintieron atraídas por un proyecto que les ofrecía una identidad muy fuerte a partir de una «visión del mundo» asequible por su simplicidad. Debido a su coherencia absoluta, esa «visión del mundo» los libraba de un presente que les ofrecía muy pocas satisfacciones y demasiadas incertidumbres”. Se produjeron también “Amplias áreas geográficas donde organizaciones subversivas podían emprender su tarea, especialmente, aquéllas ubicadas entre la modernidad, instalada únicamente en el discurso político y en las expectativas, y el atraso y la pobreza descontextualizados del orden tradicional dentro del cual habían sido soportables y habituales por largo tiempo. Éstas fueron las áreas del país más duramente golpeadas por el conflicto armado interno: amplias zonas andinas (desde la sierra de Piura y el sur de Cajamarca hasta el norte de Puno), la selva central, el valle del Huallaga y los conos de Lima Metropolitana” (tomo VIII, p. 30).
 
En esta línea de razonamiento, en la sección 6, “¿Por qué el conflicto duró tanto?”, se señala que “[…] el PCP-SL logró tejer una red partidaria y de apoyo, que inicialmente se desarrolló en las provincias del norte de Ayacucho. Esta es una zona paradigmática entre aquéllas donde, aparte de la migración, el acceso a la educación constituía casi la única posibilidad de superar la extrema pobreza y vincularse con la sociedad nacional. Los maestros y los jóvenes que estudiaban secundaria en las capitales provinciales gozaban con frecuencia de un gran reconocimiento como personificación del «mito del progreso» encarnado en la educación” (tomo VIII, p. 34).
 
Uno de los problemas con esta línea argumental es que es abiertamente contradictoria en cuanto al diagnóstico del fenómeno en cuestión; por momentos se enfatiza su carácter minoritario, pero en otros se sugiere que involucran a amplias zonas del país. Si salimos del tomo VIII y nos vamos al tomo I, primera parte (“El proceso, los hechos, las víctimas”), sección primera (“Exposición general del proceso”), capítulo 2, “El despliegue regional”, nos quedamos más bien con la idea de que la “modernización inacabada” fue central para entender la extensión del conflicto: “El PCP-SL y el MRTA tuvieron éxito en unas regiones y en otras no. Una parte del país, particularmente toda la región costera (con excepción de Lima), en la que se encuentran los departamentos más poblados del país después de la capital, constituyó el pequeño rubro de otros en el que sólo se contabilizan el 9% de las muertes en todo el período. Allí está también gran parte de la selva baja y de la selva norte (Amazonas, norte de Cajamarca y parte de Loreto) y sur (Madre de Dios); exactamente lo opuesto de los anteriores, los espacios menos poblados. La mayor parte de Ancash, Cajamarca y Arequipa, en la sierra, pertenecieron también a la categoría de otros. A partir de los estudios regionales realizados por la CVR, se puede sostener que las regiones donde los grupos subversivos tuvieron éxito fueron aquéllas en las que lograron insertarse en situaciones de conflicto abierto y sin visos de solución, sea entre sectores de la población o entre los pobladores y el Estado. En estos estudios, se observa, además, que estos conflictos se asociaron a la forma particular como los procesos de modernización que vivió la sociedad peruana desde la década cincuenta —o más bien su realización parcial e inacabada, tanto en su versión rural (la Reforma Agraria) como en su versión urbana y de integración vial— afectaron las diferentes regiones del país” (tomo I, p. 73).

Algunas conclusiones
 
Creo haber demostrado que en el IF de la CVR no existe una explicación coherente que dé cuenta de las causas y dinámica del conflicto armado interno, sino que ofrece tres argumentos claramente distinguibles de manera contradictoria. Esto puede deberse a que los comisionados no lograron ponerse de acuerdo, no tuvieron tiempo de ensayar una síntesis, no fueron totalmente conscientes de las contradicciones que aparecen al revisar los nueve tomos del IF o no consideraron prioritario hacerlo. Ciertamente, las prioridades del IF de la CVR fueron otras, y la principal fue hacer un llamado de atención moral y ético a toda la sociedad resaltando el sufrimiento y la dignidad de las víctimas, principalmente quechuahablantes, excluidos históricamente, y especialmente al Estado por su incapacidad para resguardar los derechos ciudadanos, poniendo así por delante las necesidades de verdad, justicia y reparación. “La CVR ha registrado la tragedia de miles de asesinatos y vejaciones, pero también el escándalo del silencio y la impunidad, y está convencida de que no se puede, por cobardía moral o cálculo político, «voltear la página» de nuestra más reciente historia sin cumplir con el deber doloroso de leerla y aprender de ella, tanto por el compromiso moral de dignificar a las víctimas como por razones de bienestar público, centradas en la prevención de nuevos hechos violentos” (Introducción, tomo I, p. 40). A pesar de esto, creo que detectar las inconsistencias del IF en su explicación de las causas y dinámica del conflicto armado interno es útil para entender sus problemas de difusión y aceptación, los problemas para hacer efectivas sus recomendaciones y para marcar una agenda de investigación y debate para el futuro. Quizá lo más justo sea decir que el conocimiento actual de las causas y dinámicas del conflicto armado interno no es todavía suficiente para poder optar por alguna de las tres explicaciones o para armar una narrativa que de alguna manera las integre con un mínimo de coherencia.
 
No quiero decir aquí que las tres líneas argumentales sean totalmente incompatibles: sí que esa compatibilización no se encuentra en el IF. Podría intentar decirse que los actores toman decisiones que desencadenan la dinámica de los acontecimientos, pero que ellas tienen éxito o no en la medida en que recogen y encauzan problemas asociados a una democratización y a una modernización difícil, parcial, que no logra del todo romper con la continuidad histórica de formas de discriminación y exclusión. Pero esta es una solución de compromiso; profundizar en el análisis implica establecer prioridades, relevancias, asignar pesos mayores o menores a las variables o factores que se invocan, hacer distinciones por momentos, por regiones, entre las conductas de los dirigentes y de los miembros de base, etc.
 
En términos generales, me parece que la explicación voluntarista y la noción de la democratización de la sociedad peruana es en el fondo incompatible con la que apela a la continuidad de brechas históricas de discriminación; pero no lo es con la tesis de la modernización incompleta, siempre y cuando se asuma que esa modernización incompleta radicalizó y movilizó a grupos minoritarios; porque si se asume que ella radicalizó a sectores amplios del país, entonces sí es incompatible con sostener que lo que caracterizaba el país era un proceso de democratización y un sentimiento de “pertenencia al Estado”. De otro lado, la explicación de la persistencia de brechas de discriminación, acaso la que más difusión ha tenido, en realidad es incompatible tanto con el argumento voluntarista como con el de la modernización trunca: a no ser que se minimicen los alcances de esa modernización hasta decir que ha sido irrelevante, con lo cual se postularía que las cosas nunca cambiaron en realidad.5
 
 El análisis de este trabajo está basado, sobre todo, en la segunda parte del IF, más específicamente en el capítulo 1, dentro del tomo VIII. Si viéramos los nueve tomos (propósito que excede absolutamente los alcances de este trabajo), podría decirse que hay partes más o menos cercanas a cada una de las tres explicaciones que usa el IF para intentar dar cuenta de las causas y dinámica del conflicto armado interno. Por ejemplo, la explicación voluntarista y de la democratización es más fuerte en toda la sección segunda, dedicada a “Los actores del conflicto”, que aparecen en los tomos II y III. La explicación de las brechas históricas de discriminación es muy fuerte en la sección primera, “Exposición general del proceso”, particularmente en el capítulo 3, “Rostros y perfiles de la violencia”, dentro del tomo I; también en el tomo VI, donde inicia la sección cuarta, “Los crímenes y violaciones de derechos humanos”, específicamente el capítulo 1, “Patrones en la perpetración de crímenes y violaciones de los derechos humanos”. Finalmente, la explicación basada en la modernización inconclusa y la incongruencia de estatus puede encontrarse sobre todo en el tomo IV, donde inicia la sección tercera, “Los escenarios de la violencia”, específicamente el capítulo 1, “La violencia en las regiones”.6
 
¿Qué importancia tiene esta discusión? ¿No es una mera sutileza académica irrelevante? No lo creo. La importancia práctica de esta discusión se hace evidente si pasamos al terreno de las recomendaciones de la CVR. Bien vistas las cosas, las tres líneas argumentales llevan a recomendaciones bien distintas y movilizan a sectores políticos muy diferentes. La explicación voluntarista pondría énfasis en la importancia de la primera recomendación general del IF, que propone “Un compromiso expreso del no uso de la violencia y el respeto a los derechos humanos, tanto desde los partidos políticos como desde las organizaciones sociales, como requisito para integrarse y actuar dentro del sistema de partidos y organizaciones sociales legalmente reconocidos; asimismo, una exigencia de constancia expresa en estatutos de organizaciones políticas y sociales de un compromiso de respeto a la Constitución como regla fundamental de la vida política y el pluralismo democrático” (tomo IX, p. 87). A la luz de esta recomendación, se deduciría como correcta la decisión de impedir el registro de Movadef como partido político, por ejemplo.
 
También resultaría fundamental la cuarta dimensión del primer eje de sus recomendaciones, “Reformas institucionales necesarias para hacer real el Estado de derecho y prevenir la violencia”,7 que son “Recomendaciones para la elaboración de una reforma que asegure una educación de calidad que promueva valores democráticos —el respeto a los derechos humanos, el respeto a las diferencias, la valoración del pluralismo y la diversidad cultural— y visiones actualizadas y complejas de la realidad peruana, especialmente en las zonas rurales” (tomo IX, p. 99). Si el problema fue la excesiva ideologización, que fue transmitida a través de la escuela pública, entonces resulta clave “Establecer un plan de estudios que estimule el conocimiento y oriente el saber hacia el bienestar para lograr una formación integral y alejamiento de la proclividad a la violencia. Reformulación de visiones simplistas y distorsionadas de la historia y realidad peruana” (tomo IX, p. 100). En esta línea, la preocupación por la presencia del Movadef y de sectores radicales del Sutep en las escuelas y universidades en el momento actual sería central, por ejemplo. Esta sería una línea de acción más afín a sectores conservadores.
 
Si seguimos la tesis de la persistencia de brechas históricas de discriminación, entonces se deducen otro tipo de tareas. En el contexto de los diez años de la entrega del IF de la CVR, la excomisionada Sofía Macher señaló que si bien de las 85 recomendaciones hechas por la CVR, “el balance es satisfactorio en un 60%”, lamentó que “los problemas estructurales del racismo y discriminación siguen presentes, que no ha cambiado la relación del Estado con la sociedad, y que más bien el Estado sigue siendo desordenado, que se “mete cabe” y, lo más grave, que sigue siendo un Estado que no es garante de derecho”.8 En esta línea de razonamiento, el Estado carece de legitimidad, por lo que urgiría serían “cambios estructurales” en la sociedad y el Estado, una suerte de “nuevo pacto social” en el que se destierre la discriminación y se legitime el Estado, discurso más afín a las izquierdas. Desde este punto de vista, la violencia podría reaparecer en el Perú, dado que las brechas históricas de discriminación se mantendrían.9 Si siguiéramos la tesis de la modernización trunca, lo que correspondería sería ampliar y consolidar los procesos de modernización, la integración de la población a la economía de mercado, la mejora en cobertura y sobre todo en calidad de la educación pública, es decir, una agenda que se alinearía con las políticas de inclusión social del actual gobierno, más afín a sectores liberales. Es el tipo de políticas que Jaime de Althaus o Richard Webb apoyarían con entusiasmo, por así decirlo.10 Finalmente, si consideráramos la noción de los conflictos locales inter e intracomunales como una explicación de las causas y dinámica del conflicto armado interno, la preocupación debería estar en la solución de los conflictos por posesión de tierras entre comunidades y entre comuneros, entre autoridades políticas y comunales en ámbitos locales, entre los intereses asociados a los centros urbanos y a las periferias rurales, entre distintos grupos de poder fragmentados por la disputa de recursos, etc. El nivel de violencia que pueden alcanzar estas disputas no es despreciable. Recordemos si no el asesinato del alcalde de Ilave, Cirilo Robles, en abril de 2004.
 
Me parece que las ambigüedades, contradicciones y tensiones en el discurso general de la CVR ayudan a entender también su aislamiento político: ¿quién hace suyo el informe? El IF tiene argumentos centrales con los que podrían simpatizar sectores conservadores y liberales, sin embargo, priman retóricas de izquierda en el discurso de los defensores del informe, con lo cual parecería un patrimonio exclusivo de sectores de izquierda, cuando no tiene por qué ser así.
 
¿Por qué decir estas cosas diez años después de publicado el IF de la CVR? Respondo a título estrictamente personal: en los últimos diez años el trabajo de la CVR ha sido tan criticado desde diferentes posiciones con argumentos tan injustos, deleznables e interesados, que lo que correspondía era defenderlo. Sin duda alguna, el trabajo de la CVR ha sido importantísimo para el país; pero diez años después, corresponde leerlo con una mirada más amplia, y con un ojo más crítico y exigente. Es la única manera de lograr que lo esencial de su mensaje siga vigente y no quede atado al destino de un número reducido de activistas. Pero para ello tendría que reconocerse que sus hallazgos son complejos, diversos, ambiguos, contradictorios, insuficientes, que dan lugar a múltiples lecturas, interpretaciones y debates, al punto que el propio IF no logró desarrollar una narrativa coherente de las causas y dinámica del conflicto armado interno. No se trata entonces de considerar al IF como un punto de llegada y como una verdad acabada e inamovible, sino como lo que es, una aproximación inicial, tentativa, parcial, un punto de partida hacia la construcción de una explicación de las causas y dinámica del conflicto armado interno, cuestión todavía pendiente, para lo cual se requiere de mucha más investigación11 y debate, de la incorporación de otros actores y de diferentes puntos de vista a la discusión, y que seguramente dará lugar en el futuro a narrativas que complementarán, matizarán o contradecirán al IF.12  En lo sucesivo, el desafío de su desarrollo debería ser asumido por un conjunto de actores mucho más amplio que el que forman los usuales defensores de la CVR.
 
* Politólogo, Investigador del Instituto de Estudios Peruanos
  Agradezco mucho a Rolando Ames, Jorge Aragón, Ricardo Caro, Eduardo Dargent, Javier Torres y Alberto Vergara, quienes tuvieron la generosidad de leer la primera versión de este texto y hacerme comentarios y sugerencias. Obviamente, la responsabilidad por no hacer siempre caso a sus recomendaciones y por no haber podido resolver sus objeciones es exclusivamente mía.
1 Recordemos que el IF de la CVR “entiende por «verdad» el relato fidedigno, éticamente articulado, científicamente respaldado, contrastado intersubjetivamente, hilvanado en términos narrativos, afectivamente concernido y perfectible, sobre lo ocurrido en el país en los veinte años considerados por su mandato” (Introducción, tomo I, p. 41). Cuando dice que es un “relato hilvanado en términos narrativos” quiere decir que “Los hechos violentos, por más crudos que sean, no hablan por sí solos; la CVR los interpreta a la luz de las diversas dimensiones referidas hasta que cobran su sentido. El relato que ofrece tiene por finalidad, como se pide en el decreto supremo, esclarecer los hechos ocurridos en el marco de procesos sociales e históricos que permitan explicarlos debidamente. Así pues, el relato tiene la pretensión, no sólo de registrar los acontecimientos concretos, sino también de explicar sus causas inmediatas y sus causas remotas” (Introducción, tomo I, p. 42).
2 La primera parte, “El proceso, los hechos, las víctimas”, comprende los tomos del I al VII; la tercera, “Las secuelas de la violencia”, complementa el tomo VIII; la cuarta y última parte, “Recomendaciones de la CVR. Hacia la reconciliación”, compone el tomo IX.
3 Considerar por ejemplo esta cita: “De esta manera, a mediados de los años ochenta, cada vez más campesinos se ven involucrados en la guerra. La noción de un campesinado atrapado entre dos fuegos se ajusta cada vez menos a la realidad. Ahora son actores de la guerra y la guerra campesina contra el Estado que había propagado el PCP-SL concluyó, en muchos casos, en enfrentamientos entre los mismos campesinos” [énfasis mío]. Ver acápite 5, “Los comités del autodefensa”, dentro del capítulo 1, “Los actores armados”, dentro del tomo II, p. 290. Desarrollé en parte estos temas en “El informe de la CVR y los partidos políticos en el Perú”. Publicado en:
http://martintanaka.blogspot.com/2008/12/el-informe-de-la-cvr-y-los-partidos.html,
el 22 de diciembre de 2008.
4  Un texto clásico que propone esta línea de argumentación es Gurr, Ted (1970). Why Men Rebel? Princeton: Princeton University Press.
5  Sería interesante contrastar las diferentes explicaciones presentes en el IF de la CVR con lo producido desde las ciencias sociales y rastrear influencias, así como marcar puntos de acuerdo y desacuerdo. Al respecto, resulta muy revelador encontrar en varios trabajos de Carlos Iván Degregori las mismas tensiones que aparecen en el IF entre varias líneas argumentales. Ver especialmente “Sendero Luminoso. Parte I: Los hondos y mortales desencuentros. Parte II: Lucha armada y utopía igualitaria”. Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1988.
6 El argumento esbozado pero no desarrollado de la importancia de conflictos locales inter e intracomunales puede verse por ejemplo en el tomo I, capítulo 2, “El despliege regional”, dentro de la sección primera, “Exposición general del proceso”; en el tomo II, acápite 5, “Los comités del autodefensa”, dentro del capítulo 1, “Los actores armados”; en el tomo IV, el capítulo 1, “La violencia en las regiones”, de la sección tercera, “Los escenarios de la violencia”; en el tomo V, ver “La violencia en las comunidades de Lucanamarca, Sancos y Sacsamarca” (apartado 2); también “Los casos de Chungui y de Oreja de Perro” (apartado 3), y “El caso Uchuraccay” (apartado 4), todos del capítulo 2, “Historias representativas de la violencia”; finalmente, en el tomo VII, varios de los acápites del capítulo 2, “Los casos investigados por la CVR”, parte de la sección cuarta, “Los crímenes y violaciones de los derechos humanos”.
7 Los otros tres ejes de sus recomendaciones son: reparaciones integrales a las víctimas, plan nacional de sitios de entierro y mecanismos de seguimiento de sus recomendaciones”, todos en el tomo IX. Estos tres ejes son compatibles con todas las líneas argumentales del informe, por lo que no nos ocupamos de ellos en este trabajo.
8  Ver http://derechoshumanos.pe/2013/08/a-diez-anos-de-la-cvr-no-puede-haber-reconciliacion-sin-justicia-ni-reparacion/
9  Una ilustración de este tipo de razonamiento: “Ciertamente no queremos que vuelva a ocurrir un conflicto interno como el de los años ochenta, pero para eso es necesario que sus causas no estén presentes, pues solo una excesiva ingenuidad histórica pensaría que los procesos sociales graves no tienen causas igualmente graves. Es indiscutible que las desigualdades, la corrupción, la discriminación, la miseria y la ausencia de un Estado justo y eficiente fueron factores desencadenantes, dentro de una estructura multicausal, del terror producido por Sendero y MRTA. Ahora bien, ¿qué tanto ha cambiado el Perú en esos aspectos? El país está en crecimiento, hay más integración social y se percibe mayor optimismo. ¿Pero han desaparecido las inequidades y la corrupción? ¿Tenemos un Estado más justo y presente, o estamos nuevamente alimentando a un monstruo que puede volver a surgir en cualquier momento? Sendero perdió el conflicto porque estaba podrido internamente y porque sus crímenes llegaron a extremos que terminaron volviendo a la población contra él. Sin embargo, dada la debilidad del Estado de entonces, un Sendero más estratégico quizá estaría aún vivo”. Quintanilla, Pablo (2013, 5 de septiembre). “CVR: ¿qué hemos hecho entre tanto?”. En Diario 16.
10 Ver por ejemplo de Jaime de Althaus, La revolución capitalista en el Perú (Lima, FCE, 2007); y de Richard Webb, Conexión y despegue rural. Lima, Instituto del Perú, 2013.
11 Un primer balance de lo escrito sobre el conflicto armado interno después del IF de la CVR, y que muestra las nuevas pistas de investigación que se están siguiendo, puede verse en Rénique, José Luis (2012, septiembre). “La guerra senderista: el juicio de la historia”. En Revista Argumentos, año 6, n° 4.
12  Esto es lo que el propio IF postula: “«Verdad» es un relato perfectible. El relato de la CVR se refiere a sucesos ocurridos en la historia del Perú y a procesos sociales ligados a una memoria conflictiva y fragmentada. Proponemos una narración que, al recuperar nuestra memoria como país, se proyecta hacia el futuro, y debe por eso ser continuada y enriquecida con la participación de la sociedad civil, el Estado y los organismos que habrán de crearse para vigilar el cumplimiento de las recomendaciones del Informe. Lo importante es que el relato contiene en él mismo los criterios que permiten su perfeccionamiento constante; consideramos que habrá lugar en él siempre para acoger nuevos testimonios de víctimas aún desconocidas, así como nuevas perspectivas de análisis o de crítica que contribuyan a su reescritura continua” (Introducción, tomo I, p. 42).

*Tanaka, Martín . “Las ambigüedades del IF de la CVR en la explicación ”. En Revista Argumentos, año 7, n° 4. Setiembre 2013. Disponible en http://revistargumentos.org.pe/ambiguedades_del_if.html ISSN 2076-7722

 

 

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