Hijos / Hijas de Perú

Cuando ese hij@ no es de H.I.J.O.S.


12 de Abril de 2011 - Rafael Foto - Cuando ese hij@ no es de H.I.J.O.S.

Corríamos, escapábamos o quizás íbamos rápido a la entrevista, ávidos de denuncia, de dejar fluir toda la rabia contenida en las palabras fuertes y en alta voz que gritarían verdades, que se contraponen y luchan contra el olvido de ese pasado de gritos desgarradores, de gritos torturados, de gritos obligados a desaparecer, de gritos familiares.

Ese jueves 9 de octubre durante el Encuentro Internacional de HIJ@S, nos habían invitado a cuatro de nosotr@s a ser entrevistad@s en el programa Espiral del canal 11 mejicano. Era la primera vez que estaría en un programa televisivo y aunque no era en vivo los nervios no me dejaban; no sería la única primera vez de esa noche. Previo a la entrevista teníamos que pasar por la universidad el Claustro de Sor Juana; se había preparado como parte del encuentro una exposición de arte que como tema principal tenía las desapariciones forzadas. Se organizaron grupos para llegar al lugar y a mí me tocó en el auto de la mamá de una compa de HIJ@S Méjico que trabaja en ese claustro, como podría esperarse, en la facultad de derechos humanos. Fue un viaje muy ameno, veníamos discutiendo recuerdo al respecto de si las fuerzas del “orden” son o no explotados, todo en torno al tema de la represión que se sufre por parte de ellos durante las protestas.

Finalmente llegamos, casi en el inicio de la inauguración que estaría a cargo de una compa de HIJ@S Méjico y la rectora de la universidad. Para mi hasta ese momento todo era normal, la rigurosidad propia del momento, esa especie de solemnidad obligada que a nadie gusta pero que nadie quiere romper. Sin embargo empezaba a notar a tod@s los hij@s un poco agitados y no pasaría mucho tiempo en enterarme de tan fuerte noticia.

Durante el discurso de la rectora y de la compa fui conociendo que había algo además del trabajo y esa exposición que enlazaba sus historias. Ella, la compa de HIJ@S Méjico, como much@s de nosotr@s es hija de un compañero desaparecido; ella, la rectora de la universidad, es hija del presidente que gobernaba cuando desaparecieron al papá de nuestra compañera.

Terminados los discursos, culminados los aplausos, no quedaba mucho tiempo para llegar al canal, Méjico no es pequeño, así que corrimos, escapamos, o quizás sólo seguíamos a la compa, ya no sólo porque ella también participaría de la entrevista y era la que sabía el camino, también porque esos momentos duros, desgarradores, pasado el momento inicial más personal nos llevan a la necesidad de ser contenidos por nuestros hermanos y hermanas.

En los discursos y las prácticas de ser HIJ@S existen verdades construidas y aceptadas colectivamente. Verdades como que nuestra lucha no está movida por el odio ni mucho menos por sentimientos de venganza; así mismo, desde nuestros distintos nacimientos organizativos a lo largo de América Latina hemos exigido una diferenciación entre lo que pensaron e hicieron nuestros familiares y lo que pensamos y hacemos los hij@s. Con esto no quiero decir que no reivindicamos las luchas de nuestros familiares sino más bien que las contextualizamos en el periodo que se dieron; pero además, que tenemos una visión crítica de sus procesos. Pero qué pasa cuando por diversas circunstancias nos enfrentamos a estas verdades, siendo nosotr@s los que estigmatizamos, cuando éstas son dichas desde otros, cuando esos otros son hij@s de los represores, de los genocidas, en definitiva cuando les cargamos el estigma de ser como sus familiares, y les negamos la posibilidad que exigimos para nosotros, la de nuestra propia identidad.

Es difícil poder analizar esto, pero intentaré plantear un punto de vista muy personal, no elaborado al calor de los hechos ni individual, ni colectivamente. Por un lado uno tiene muy presente todo lo que significa ser hij@ y parte de eso significa tener presentes las verdades de las que hablábamos al inicio. No obstante eso, es en ese momento, entran en contradicción con sentimientos más profundos, menos racionales que parten del dolor causado, que muchas veces buscan una reacción inmediata, “ajusticiadora”, “liberadora” de tanta rabia contenida que reclama justicia. Sin embargo nuestras reacciones finales no están cargadas de esos sentimientos, pues no consideramos que la justicia y la libertad tengan que ver con el odio ni mucho menos la venganza. Para nosotros la justicia y la libertad son elementos que engloban el juicio y castigo; pero también, para que sean plenas, necesitan de una transformación de nuestra realidad que asegure que hechos como los que nos convirtieron en HIJ@S no se repitan. Y, siendo sentimientos inevitables, es justamente donde se demuestran nuestras verdades. A pesar del dolor, la rabia, de todo lo que a partir de ese encuentro empezaremos a sentir y elaborar, demostramos nuestra dignidad y clara diferencia con los represores y genocidas. Todo eso es lo que realmente significa ser Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia, contra el Olvido y el Silencio.

Actualmente se viene desarrollando el juicio a los presuntos torturadores y asesinos de mi padre. Son más de 17 años de impunidad, de constantes absoluciones, de impotencias, de tristezas. Por primera vez en todo este tiempo, se llamará a declarar a Gladys Espinoza, compañera con la que lo capturaron y que sobrevivió a la tortura. Hoy lleva ya casi 18 años presa. Todos estos acontecimientos me han llevado e preguntarme, cómo se sentirá Gladys cuando esté frente a sus torturadores, qué sentirá, qué recordará, qué querrá hacer.

Y después de todo eso simplemente sé que a pesar de que pueda ser muy liberador poder denunciar todo lo que les hicieron, también será muy desgarrador tener que estar nuevamente cerca de ellos. Sé que serán momentos en el que más necesite de tod@s nosotr@s, personas que luchamos por los derechos humanos de forma coherente sin hacer distinciones. ¿Qué me pasará a mí? ¿Qué sentiré cuando sea yo el que vea a quienes torturaron y asesinaron a mi padre? Son interrogantes que constantemente pasan por mi cabeza. Sólo sé que esas verdades de las que escribí las tengo muy presentes, que son convicciones que rigen mi lucha diaria, que tengo la certeza que desde ahí, desde la denuncia y el reclamo de memoria, verdad y justicia, que adolece de odio y venganza, iremos combatiendo la impunidad y los estigmas para construir sociedades diferentes.

 

 

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